De todo.
De la universidad, los pasillos llenos de gente, las hojas de los exámenes y los horarios nocturnos. Del frenesí devoradorrrrrrrrrrrr del tiempo, sus agujas y ese reloj tan prepotente.
Necesito pararme un momento,
un minuto,
un instante
y volver a llenar mis pulmones de aire y el corazón de paciencia. Que los baches siempre están ahí y si no me da tiempo de coger carrerilla... lo más seguro es que tropiece.
Y me caiga.
¡Otra vez!
María, querida, deja de tocarme las narices.
Gracias.
...buena cara! )