miércoles, 5 de febrero de 2014

promesas y palabras en tiempo de cri-¿qué?-sis

Nunca entendí el afán de los demás de condenarme a su suerte,
de intentar controlar mis sentimientos y mis emociones.

Es cierto que tampoco nunca me ha interesado conocer sus motivos.

He de admitir que no hablo de prejuicios
y que siempre tengo algo que decir –excepto cuando callo– a pesar de que muchas veces mis palabras no sean bien recibidas.

Amo 
los momentos cortos y sutiles, 
las sonrisas fáciles y sinceras, 
las miradas profundas... 
seguramente porque es lo más parecido que he conocido a una promesa. 

El paraíso está en cada cachito de cielo que me regalan de esa manera sencilla y, aun que a veces austeramente, les cuesta piel y pellejo entregarme gratuitamente.