Últimamente me pierdo demasiado a menudo entre las palabras que digo y las que pienso, me lleno de incoherencias, acciones y decires tan contrarios a lo que siento que no me encuentro ni cuando miro detenidamente mi reflejo en el espejo. Velas, canela e incienso inundan mi cabeza, que no para de buscar, de querer respuestas, de atormentarse, de... de no parar nunca. Sí, no, quizá, tal vez... Joder, sólo necesito tiempo para volver a encontrarme, separarme de todo, de ellos, de ellas, de ella. De todos. Irme y dejar que las cosas vuelvan a encontrar su sitio, que las aguas se calmen otra vez, después del remolino de miedo, rabia, miedo a perder, desconcierto... ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que busco? ¿Qué quieres, qué es lo que
de verdad quieres? Dejarlo todo surgir, arremeter cuando haga falta, tener las cosas claras, ser yo sin ser él, perdonar, amar incondicionalmente, perder el miedo, dejarme llevar... ser agua, humo de un cigarrillo que se consume, luz, nieve, lluvia en un domingo de abril. Quiero... quiero... quiero volver a sentir que el corazón me salta de la garganta cuando pienso en los Sábados, quiero dejar de estremecerme cada vez que algo me supera un poco más de lo normal y quiero sentir un escalofrío cada vez que me beses en la nuca, y que sea bueno. Porque no es justo que todo el esfuerzo no se reconozca, porque no es justo que las miradas sean de reproche.
Cuando algo se tuerce intento ser fuerte y no siempre puedo. Y por eso quiero fuerzas, quiero agallas, quiero abrazos que me sostengan, quiero que me presten sonrisas para cuando yo no las encuentre. Porque no es justo que me quede sin volar cuando tengo las alas listas para arrancar.
Bella ruggente pena, alegria.
Alegria.