martes, 14 de diciembre de 2010

y bien...?

Últimamente me pierdo demasiado a menudo entre las palabras que digo y las que pienso, me lleno de incoherencias, acciones y decires tan contrarios a lo que siento que no me encuentro ni cuando miro detenidamente mi reflejo en el espejo. Velas, canela e incienso inundan mi cabeza, que no para de buscar, de querer respuestas, de atormentarse, de... de no parar nunca. Sí, no, quizá, tal vez... Joder, sólo necesito tiempo para volver a encontrarme, separarme de todo, de ellos, de ellas, de ella. De todos. Irme y dejar que las cosas vuelvan a encontrar su sitio, que las aguas se calmen otra vez, después del remolino de miedo, rabia, miedo a perder, desconcierto... ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que busco? ¿Qué quieres, qué es lo que de verdad quieres? Dejarlo todo surgir, arremeter cuando haga falta, tener las cosas claras, ser yo sin ser él, perdonar, amar incondicionalmente, perder el miedo, dejarme llevar... ser agua, humo de un cigarrillo que se consume, luz, nieve, lluvia en un domingo de abril. Quiero... quiero... quiero volver a sentir que el corazón me salta de la garganta cuando pienso en los Sábados, quiero dejar de estremecerme cada vez que algo me supera un poco más de lo normal y quiero sentir un escalofrío cada vez que me beses en la nuca, y que sea bueno. Porque no es justo que todo el esfuerzo no se reconozca, porque no es justo que las miradas sean de reproche.

Cuando algo se tuerce intento ser fuerte y no siempre puedo. Y por eso quiero fuerzas, quiero agallas, quiero abrazos que me sostengan, quiero que me presten sonrisas para cuando yo no las encuentre. Porque no es justo que me quede sin volar cuando tengo las alas listas para arrancar.

Bella ruggente pena, alegria.
Alegria.

jueves, 7 de octubre de 2010

replay

A una semana escasa de hacer un mes que no me paseo por estas letras me diluyo entre el ácido clorhídrico pasado y un futuro más que incierto, inexperto; entre lunas rotas, girasoles amarillos a rabiar y un montón de quehaceres que huyen de mi cabeza, como si fuera a sufrir un shock anafiláctico en cualquier momento y de pronto -o no tan pronto- deje de respirar y de pensar. Quizá padezco de bipolaridad. Fiebre, frío, bien, mal, ahora, nunca, blanco, negro, arriba, abajo, derecha, izquierda, tú,... Tú. A ti no te encuentro el lado B del cassette. Quizá solo busco la tecla del play en mi mp3, la única que funciona y que, curiosamente, es la misma que la del pause.

Y hablando de girasoles... creo que cualquier día de esta semana haré lo materialmente posible por autoregalarme uno. He descubierto que el gris no me sienta bien.

Y sí, hoy escribo raro.

martes, 14 de septiembre de 2010

?!

Paseo demasiado a menudo entre los muebles de mi azotea, quitándole el polvo a aquellos pensamientos que hacía mucho no pululaban libres, vivitos y coleando, llenándolo todo de tonos grises, azules y verdes.

Ahora mismo no sé muy bien si me arrepiento o no de las decisiones que he ido tomando a lo largo de estos dos últimos meses y estoy tan poco convencida de lo que pienso y de lo que siento que deduzco que Setiembre es una tormenta en medio del océano cuya capacidad de destrucción supera mis expectativas y desorienta totalmente mis ya de por sí alelados sentidos.
Detesto sentirme como un interrogante gigante, esperando algún tipo de respuesta que se supone debo encontrar en mí misma y con tan pocas ganas de ponerme a buscar que creo es mejor sentarme a esperar que el viento me susurre algunas palabras bonitas como las que le susurraba Robert Redford a los caballos para volver a recuperar la ilusión que servía de motor a todo mi cuerpo, como la gasolina a los coches o la coca a cualquier cocainómano que diga serlo.

Dentro de dos días volveré a desear que el tiempo se pare y me dé la paz y tranquilidad que el vaso de Ballantines-Cola no consigue trasmitirme. Supongo que «nunca más» es una afirmación a la que no tengo el gusto de acudir... Al menos, de momento.

martes, 24 de agosto de 2010

Words

Odio estar sentada delante del ordenador sin alguna letra que escribir, es una tortura aguantar el constante tic-tac del reloj y el cursor parpadeando cada poco. Cuando una sola palabra se sienta en el regazo del Word parece que éste lo acune como a una niña pequeña o, más bien, que me acune. Y, para ser sincera, así es como muchas veces me siento. Como una niña pequeña queriendo ser reconocida por esa especie de héroe ficticio en que te has convertido, correteando y saltando a tu alrededor, buscando las famosas palabras "Estoy orgulloso de ti"... Mierda, ya lo estoy haciendo otra vez. Parece que por ahora el tiempo embutido en una circunferencia perfecta será mi solitario compañero junto con una sonrisa enganchada a los labios mientras me tomo el Sol entre parpadeo y parpadeo, dejándome ciega. Otra vez.

sábado, 7 de agosto de 2010

Oh la-la!

El viaje a Francia me ha abierto los poros: todos mis sentidos se agudizan en medio de una tormenta que parece no parar mientras la calma pone, poco a poco, las cosas en su sitio... igual que el tiempo. Si llueve, un chapuzón en el Mediterráneo cerca de Perpignan; y si hay sol, un paseo por Montpellier. Y ahí, en medio de las estrellas, en algún lugar entre Béziers y Narbonne, mi corazón parece llenarse los pulmones a bocanadas de aire puro y nuevo.

Hoy vuelo un poco más allá del suelo y todo es Alegría:

martes, 6 de julio de 2010

Abro los ojos un Martes por la mañana. Todo está en el mismo sitio donde lo dejé hace ya mucho tiempo... Sigue oliendo a café matutino, a lluvia mojando el césped, a pan recién hecho. Aún no sé porque los Martes siempre llueve así que doy media vuelta en la cama y pienso en todas las cosas que dejé a medio sentir; un millón y 3/4 de recuerdos, sensaciones y creencias se arremolinan en mi cabeza. Creo que nunca antes había hecho el amor durante tanto rato con mis pensamientos y finalmente, en el orgasmo mental, encuentro mi solución: nada había cambiado. Nada, salvo yo.

lunes, 28 de junio de 2010

Hoy quise ser un girasol para no tener que quemarme las alas si quiero volar cerca de él, así mis pétalos miren donde miren siempre estarán de frente al sol. Y en cada amanecer despertaré y en cada anochecer moriré. Siempre nueva, siempre en movimiento, siempre amarilla y feliz.

Creo que debo dejar las Margaritas.

domingo, 10 de enero de 2010

¿Sabemos soñar?

Creemos que lo sabemos todo de todo, de todos. Investigamos. Creamos. Experimentamos. Clonamos. Abortamos. Operamos. Hacemos el amor y también la guerra. Causamos daños colaterales y otros muy importantes. Morimos de placer. Ellos mueren de hambre. Nos suicidamos. A ellos los matan. Fumamos. Bebemos. Follamos. Discutimos si la paz mundial es importante o no. Nos quejamos del vecino, de mi madre, del perro, del semáforo, del presidente, de la ONU, de la OTAN, del mundo. ¿Habremos alcanzado ya la luna? ¿Existe Dios? ¿El amor no será solo un conjunto de reacciones químicas? ¿Será todo psicológico? ¿Me estaré volviendo loca? ¿Saben ellos todo lo que pensamos? ¿Saben que creemos que lo sabemos todo de todo, de todos?


¡Qué más da haber alcanzado la luna si nuestros sueños siguen enterrados tres metros bajo el suelo!