Abro los ojos un Martes por la mañana. Todo está en el mismo sitio donde lo dejé hace ya mucho tiempo... Sigue oliendo a café matutino, a lluvia mojando el césped, a pan recién hecho. Aún no sé porque los Martes siempre llueve así que doy media vuelta en la cama y pienso en todas las cosas que dejé a medio sentir; un millón y 3/4 de recuerdos, sensaciones y creencias se arremolinan en mi cabeza. Creo que nunca antes había hecho el amor durante tanto rato con mis pensamientos y finalmente, en el orgasmo mental, encuentro mi solución: nada había cambiado. Nada, salvo yo.
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