
El viaje a Francia me ha abierto los poros: todos mis sentidos se agudizan en medio de una tormenta que parece no parar mientras la calma pone, poco a poco, las cosas en su sitio... igual que el tiempo. Si llueve, un chapuzón en el Mediterráneo cerca de Perpignan; y si hay sol, un paseo por Montpellier. Y ahí, en medio de las estrellas, en algún lugar entre Béziers y Narbonne, mi corazón parece llenarse los pulmones a bocanadas de aire puro y nuevo.
Hoy vuelo un poco más allá del suelo y todo es Alegría:
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